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Cuando el campo no es tan verde

El septiembre pasado decidimos venirnos a vivir al campo. Era una idea-sueño que había estado rondando nuestras cabezas desde hacía mucho tiempo: salir de las dinámicas de la ciudad y acercarnos más a la naturaleza. Vivir de forma más coherente con nuestros valores. Establecer nuevas formas de relacionarnos con nosotrxs mismxs y nuestro entorno. Un cierto romanticismo que se hizo realidad de la noche a la mañana el 13 de septiembre de 2020, y por lo que me siento sumamente agradecida.

 

 

Estamos viviendo en l’Empordà – el “countryside” de Girona, Cataluña. Un lugar realmente bello. Con una luz que da a todo un brillo especial. Campos verdes que se convierten en amarillos en primavera y que se extienden hasta donde la vista alcanza a ver. Pueblecitos como pocos quedan. El azul del mediterráneo a escasos KM de distancia y granjas de cerdos. Muchas grandes granjas de cerdos que han llegado a convertirse en parte de este cuadro bucólico.

 

 

Este post es una pequeña reflexión de estos casi siete meses viviendo en este lugar: de mis propias preconcepciones e ignorancia del mundo rural. De la ironía y contradicciones de esta bellísima región. De la ceguera del ser humano, de nuestra falta de conexión y de este sistema capitalista que está acabando con nuestro planeta.

No sé vosotrxs, pero yo tenía esa idealización de que en la vida en el campo hay una mayor sensibilidad y respeto por la naturaleza, a los recursos naturales, a los animales y en general al medio ambiente. Pensaba que levantarte cada día rodeado de naturaleza fomentaba una sensibilidad y conexión con el entorno, con sus ciclos y estaciones. Pensaba que el trabajar la tierra, fuente de ingreso y alimento para muchxs, hacía al ser humano más consciente, sensible y respetuoso con aquello que le da de comer. Asumía que la vida en el campo era más ética y sostenible que la vida en la ciudad.

En cierto modo mis asunciones no van tan desencaminadas. La semana pasada Greenpeace España publicó un estudio sobre el mundo rural y el cambio climático y exponía que “los municipios rurales contribuyen un 34% menos al cambio climático y un 40% más a la conservación de la biodiversidad que los municipios urbanos.”

 

https://es.greenpeace.org/es/en-profundidad/salvar-el-planeta-desde-la-espana-vaciada/

 

El estudio indicaba que “el uso que hagamos del territorio puede acelerar o solucionar la emergencia climática” e instaba a proteger los ecosistemas naturales del mundo rural ya que “estos pueden convertirse en nuestros grandes aliados como sumideros de CO2 o, por el contrario, si los descuidamos, pueden empeorar radicalmente el escenario a base de sequías y grandes incendios forestales.”

 

 

El estudio ofrece un análisis de las problemáticas ambientales del medio rural lo que en cierta forma ayuda a dar un explicación científica a mis sensaciones y experiencias de estos últimos siete meses y corroborar que a día de hoy, la vida en el campo no es instintivamente más respetuosa y sostenible.

  • El 95% de los cultivos transgénicos en la UE se encuentran en España.
  • Cataluña es la segunda comunidad en España con mayor cultivo de transgénicos. Aragón es la primera.
  • L’Empordà es la tercera zona europea con más maíz transgénico.
  • España es el primer país de Europa con mayor número de cerdos censados. 31 millones. En el 99% de los casos, los animales son masificados y hacinados, maltratados, alimentados artificialmente, y saturados de antibióticos para combatir la aparición de numerosas enfermedades derivadas de las detestables condiciones de vida a las que son obligados.
  • Las implicaciones ambientales por el exceso de estiércoles y purines son devastadoras: España es el país con más emisiones provenientes de la mala gestión de estiércoles.
  • A día de hoy, en Cataluña la mitad de las fuentes y cursos de agua subterránea de las zonas rurales están contaminados por nitratos, con un nivel superior al límite establecido como máximo aceptable para el consumo humano. Nuestra agua en l’Empordà esta contaminada.

La lista es larga y no incluye la producción de carne de aves o vacuna, el maltrato a los perros de caza o las batidas de caza de jabalís. Pero prefiero parar aquí.

Estos siete meses también nos han permitido a Jorge y a mi conocer gente que está luchando contra un sistema que nos insta a creer que esta forma devastadora de producir y consumir es la única opción que existe. Desde iniciativas de decrecimiento porcino, a pesca artesanal y cooperativas de agricultura ecológica, hay ejemplos reales que ofrecen alternativas sostenibles y justas. Esta gente y sus proyectos serán tema para otros posts. Hoy, simplemente quería compartir algunas reflexiones a modo de denuncia y de terapia personal, porque a pesar de la belleza y tranquilidad superficial que nos proporciona el vivir aquí, la explotación de los recursos naturales y el abuso animal no me deja realmente vivir en paz.

No puedo despedirme sin pediros vuestra involucración. A continuación, comparto algunas ideas o sugerencias de acciones que podemos tomar a nivel individual:

  • Cuida y protege el mundo rural. Si vas al campo no dejes tu basura al irte. Preocúpate por conocer y apoyar el producto local. No abandones la responsabilidad cívica al salir de la ciudad.
  • Apoya el consumo de productos locales, ecológicos y de temporada.
  • Activa tu poder como consumidor/a y exige que lo que comes provenga de agricultura y ganadería ecológica, justa y de pequeña escala. Al fin y al cabo, es tu salud la que se ve afectada.
  • Activa tu poder ciudadano y exige el cierre de las macro-granjas, enormes factorías de cambio climático, insostenibilidad y crueldad. Es vergonzoso que en el 2021 tengamos millones de animales maltratados y asesinados por todo el territorio español. Greenpeace esta liderando una campaña al respecto. La Asociación Defensa de Derechos Animal también tiene una recogida de firmas para una moratoria estatal para la ganadería industrial.
  • Toma la decisión HOY y reduce la ingesta de alimentos de origen animal.
  • Escribe a tu municipio y pídele que se declare Zona Libre de Transgénicos. Anímale a que apueste decididamente por la agricultura ecológica a través, por ejemplo, de criterios concretos de compra pública que fomenten los productos ecológicos y de medidas que apoyen los productores ecológicos. Cuanto más amplia sea la superficie dedicada a la agricultura ecológica menos posibilidades de expansión tendrán los cultivos transgénicos.

Quizás el campo no sea tan verde como parece, pero juntxs podemos conseguir que sí lo sea.

Si te interesa saber más, las fuentes que he utilizado para escribir este post son Greenpeace.es, NIU, Asociación Defensa Derechos Animal – ADDA (Cataluña), IAEDEN – Salvem L’Empordà.

 

SILVIA // L’Empordà

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