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Los espigadores y la espigadora: reseña de documental

Entre el año 2003 y 2009 viví en Granada, una ciudad al sur de España de una belleza, historia y energía cautivadoras. Allí conocí a un grupo de mujeres maravillosas, grandes amigas. El cine era una de las aficiones que compartíamos. En invierno íbamos a Granada 10, uno de esos cines independientes donde te sentabas en sofás y podías tomarte una cerveza mientras veías la película. Granada 10 era también, cuando entraba la noche el fin de semana, una discoteca. Me encantaba ver esa bola de disco mientras disfrutábamos del arte de Wong Kar-wai o Fatih Akin. En verano, íbamos al cine de verano del Sacromonte, un cine al aire libre en un barrio frente al palacio de la Alhambra. Es allí, durante un verano, que ví por primera vez el documental “Los espigadores y la espigadora” (título original: “Les glaneurs et la glaneuse”), de la directora francesa de cine Agnès Varda.

Agnès Varda es considerada una de las grandes creadoras de cine de mujeres y feminista. Tengo que confesar que no he visto (aún) nada más de ella que este documental. Sin embargo, su muerte en marzo de 2019 y las varias retrospectivas sobre su trabajo que hubo ese año me hicieron recordar con cariño el documental, Granada, el cine de verano del Sacromonte y esas grandes amigas que tanto extraño tener en la cotidianidad de mi vida. Cuando comenzamos el proyecto HOLA TOMORROW supe que uno de mis artículos sería una reseña de este documental. 

“Los espigadores y la espigadora” incluye breves entrevistas a varios personajes, e historias narradas por Varda, sobre espigadores, mayoritariamente hombres, que la cineasta encuentra en Francia. El documental se estrenó en el año 2000 y tuvo una recepción muy buena, ganando varios premios. Alusiones frecuentes a pinturas sobre espigadoras, en este caso mayoritariamente mujeres, de Millet, Breton y otros pintores, aparecen en el documental, así como una banda sonora que incluye canciones de hip-hop con sus letras de denuncia, varias tomas de las manos de la cineasta, que muestran el paso del tiempo, y múltiples definiciones del verbo “espigar”. Es la misma Varda quien narra, quien graba y quien entrevista a varios espigadores, con quienes conversa en un tono personal, íntimo, cercano y cálido. Su presencia hace de este documental un relato precioso. 

¿Qué es espigar? El documental comienza definiendo este verbo como “recoger después de la cosecha”. El espigador, la espigadora, es, por lo tanto, quien espiga. Yo asocio la acción de espigar con trigo y otros granos, con gente del campo y con el pasado. El documental muestra espigadores y espigadoras de patatas, de manzanas, de tomates, de uva, de pan, de ostras y almejas, de frigoríficos, de muebles, en el campo y en la ciudad.  Como dice un hombre entrevistado, “Acaba de espigar para no desperdiciar. […]. Era el espíritu de antaño”. Pero vemos que hoy hay aún espigadores y espigadores por todas partes, no sólo en el campo. El documental cuestiona igualmente la asociación del espigueo con la pobreza, y muestra a personas que espigan por principios, personas a quienes no les hace falta nada pero espigan por gusto. 

Algunos datos que presenta el documental son terribles. Un cosechador comparte que los supermercados piden patatas de un tamaño y forma muy concretos. Aquéllas que no cumplen estos requisitos, no se venden para el consumo. Estima que, en una cosecha de más de 4.500 toneladas, se tiran unas 25 toneladas de patatas como desperdicio. Una persona que tiene un campo con manzanas cuenta que “En este campo que tiene 3 hectáreas, hay al menos 10 toneladas de manzanas que no recogeremos”. Añade: “No puedes prohibirle a la gente que coja manzanas cuando ya has cosechado”. Me resulta especialmente interesante cómo el documental también describe las condiciones que permiten espigar y recolectar legalmente en Francia. El artículo de Julia en HOLA TOMORROW sobre el Wabi-Sabi y la belleza de la imperfección tiene más estadísticas y reflexiones interesantes sobre el desperdicio de alimentos. 

Los espigadores urbanos son mis personajes favoritos del documental. Aquellos y aquellas que recorren las basuras de los supermercados para recuperar comida. A veces comida que ha caducado tan sólo hace un par de días. Esa persona que hace el mercado entre los restos después del mercado. Aquel hombre que vive de la recuperación casi 100%, que se alimenta de las basuras desde hace 10 años y que nunca se ha puesto enfermo. Aquel artista que se define como trapero, que recolecta trastos de gente que no los quiere ya, como por ejemplo envoltorios, para utilizar en sus obras de arte. Esos dos amigos que recogen frigoríficos de la calle y los arreglan para venderlos o regalarlos a vecinxs que los necesitan. Varda también entrevista al chef Eduard Loubet, con dos estrellas Michelin, espigador nato, que cuenta cómo en su restaurante no desperdician ni suelen tirar nada (¡y da algunos consejos!). 

Quiero terminar con lo que nos cuenta el ya fallecido autor, vinicultor y psicoanalista francés Jean Laplanche, quien es entrevistado en el documental: “Lo que me hace especial es haber intentado introducir en la constitución del ser humano a los demás prioritariamente en relación con el yo, es decir, es una anti-filosofía del yo, que muestra cómo el ser humano encuentra su origen en los demás”. 

Dicen que, sin ser algo intencionado por parte de Agnès Varda, este documental representa una resistencia al consumismo, un cuestionamiento de la autoridad, y una reflexión sobre el vínculo entre las acciones cotidianas y la política. Para mí es un recordatorio de la absurdez del desperdicio y del exceso, de la necesidad de dar larga vida a los objetos, del imperativo de distribuir mejor la riqueza y, sobre todo, de cuestionar constantemente qué constituye realmente la riqueza. Por ello, quería compartir esta joya con los lectores y las lectoras de HOLA TOMORROW. Os animo a que veáis el documental (disponible en diferentes plataformas en diferentes países – en Filmin en España- y seguro en tu biblioteca del barrio) y que nos contéis si os gusta tanto como a mí y, sobre todo, qué os gusta espigar. ¡Disfrutad! 

 

Nota: Hace 20 años que se produjo este documental y algunos de los datos e información pueden estar desactualizados. La esencia del contenido, mensaje y reflexiones, sin embargo, siguen siendo tan actuales hoy como entonces. 

 

JUNCAL// Nueva York

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