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Una llamada a la acción: Seamos (más) políticxs

El pasado sábado 7 de noviembre, recibimos la noticia de la elección de Joe Biden y Kamala Harris como presidente y vicepresidenta de Estados Unidos en las elecciones presidenciales de 2020. Este resultado fue celebrado extensamente por muchas personas en EEUU y en todo el mundo. Yo estaba de paseo por mi barrio en Brooklyn mientras hablaba por teléfono con mi madre, cuando se conoció la noticia y empecé a escuchar de manera espontánea aplausos, gritos, bocinazos, música a todo volumen y abrazos por todas partes. Se me saltaban las lágrimas, sin parar, al igual que a muchas de las personas desconocidas con las que me cruzaba en la calle. Era consciente de que muchas de estas personas habían pasado las últimas semanas trabajando muy duro para conseguir este resultado. Algunxs pasaron días y noches llamando a votantes informándoles sobre sus derechos como votantes, plazos y diferentes opciones para votar. Otrxs viajaron por todo el país apoyando la campaña de Biden y Harris, yendo de casa en casa y llamando a las puertas en estados y distritos donde se sabe que los votos son determinantes en el resultado de las elecciones nacionales. Otros pasaron horas escribiendo postales y cartas a gente joven que votaba por primera vez. Otrxs fueron voluntarios en los lugares de votación. Otrxs dedicaron su tiempo libre a corregir la información errónea proporcionada en los medios sociales.  

Yo tengo total convicción en el poder de las pequeñas acciones y comportamientos y cambios individuales. Me enciendo mucho y reacciono muy acaloradamente cuando alguien cuestiona la influencia que puede tener en el medio ambiente el hecho de que cada vez que salgo de casa lleve conmigo una bolsa reutilizable, mi botella de agua y mi taza de café reusables también. Creo de verdad que estas acciones son importantes, sobre todo cuando se amplifican al ser llevadas a cabo por una mayoría y se convierten en la norma. Sin embargo, también creo firmemente que necesitamos (necesito) hacer algo más, algo que pueda tener un impacto más directo e inmediato en las políticas que tienen el potencial de transformar el mundo en un lugar mejor a largo plazo y para todas las personas. 

Esta semana escribo este artículo como una llamada a la acción. A mí misma. No comparto mis retos y éxitos. Tampoco mis recomendaciones. Siento que, si escribo esto públicamente, me comprometeré a hacer más. Voto en cada elección en la que tengo derecho a votar desde que tengo 18 años. Probablemente he votado por correo más veces que en persona. Voy a manifestaciones y protestas. Hago donaciones mensuales desde hace tiempo a tres organizaciones que considero hacen un gran trabajo por la igualdad y la justicia. Suelo enzarzarme en conversaciones difíciles con mi familia, amigas, amigos. Aún así, siento que esto está muy lejos de ser suficiente. 

Cuando George Floyd fue asesinado por la policía de Mineápolis en mayo de este año, la gente habló en los medios sociales. En las calles. Con las legisladoras y los legisladores. Más gente que antes. Más a menudo que antes. Había un mensaje recurrente que no decir nada sobre la opresión era estar del lado del opresor. Siento que yo no me involucré suficiente en los movimientos sociales que siguieron a este brutal asesinato, ni en las semanas y meses que precedieron las elecciones presidenciales de estados unidos este año. Leer, reflexionar y examinar mis propios comportamientos, creencias, actitudes, cuestionándolas y comprometiéndome a hacer algunos cambios en mi vida, lo sentía insuficiente, pues lo estaba guardando para mí y para mis amistades y familia más cercanas. 

Considero que hay muchas maneras de involucrarse en política, de ser más políticx, menos apolíticx. Las oportunidades son muy diferentes dependiendo del país y cultura en la que vivas. Igualmente, no todas las personas se sienten igual de cómodas expresándose públicamente. Yo estoy pensando y considerando qué puedo hacer yo, en qué puedo engancharme y a qué podría comprometerme. Cuando regresé a Nueva York a principios de octubre después de haber pasado dos meses en España, me encontré con un sinfín de iniciativas nuevas fascinantes en mi barrio, a las puertas de mi casa. El BK Scrap Shuttle (la Furgoneta de Desechos de Brooklyn), una furgoneta comunitaria de compost (desechos orgánicos); el Cooper Park Fridge (el Frigorífico del Parque Cooper), un frigorífico comunitario con comida gratuita para todo el mundo, y el NBKFreeStore, una tienda gratuita en el norte de Brooklyn par que los vecinos den y tomen cosas. Todas estas iniciativas son parte del North Brooklyn Mutual Aid (Ayuda Mutual en el Norte de Brooklyn), un grupo comunitario de vecinxs ayudando a vecinxs.

¿Es esto política? Yo ciertamente creo que lo es. Creo que involucrarse en cualquiera de estas iniciativas es hacer política.  Es una afirmación sobre el mundo que queremos y es tomar acción para construirlo. Me dije a mí misma que me comprometería a apuntarme como voluntaria a alguna de estas iniciativas. Con la esperanza de que esto pueda contribuir a un cambio duradero, como un ruego por el mundo que quiero. Votar, donar e ir a manifestaciones ya no es suficiente. No para mí. No en estos tiempos. 

¿Cómo te sientes estos días sobre tu rol en esta sociedad, y cómo puedes contribuir a construir el mundo que quieres? ¿Qué acciones estás tomando? Nos encantaría escucharte, aprender de ti.  Por favor, comparte, ¡necesitamos un poco de inspiración!

 

JUNCAL// Nueva York

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